EL SUQUIA VICEITA
Se sabe bien que, cuando aún no habían sido bautizados, entre los borucas, había suquias.
Estos no hacían el bien sino solamente maldades. Estas malas personas se acabaron todas. Los suquias que existen son viceítas.
Allá (en Salitre, Cabagra, Talamanca) se encuentran todavía. Allá están los suquias, haciendo tanto el bien como el mal.
Uno de ellos solía llegar a Boruca. Decía que iba a comprar ganado, a curar gente para pedir su paga en ganado.
Por un ternero o una ternera pagaba diez colones tan solo. Así se llevaba el pago por lo que no era sino simplemente agua de la quebrada. Decía él que aquello era nuestra curación.
Si no le querían pagar de aquella manera se enfadaba. Entonces, a medianoche, enviaba un tigre a matar sus vacas, aquel caballo o aquella vaca, les amanecía muerto tan solo el corazón y el hígado les sacaba el tigre.
Hace 50 años todavía hacían estas maldades.
Los borucas amarraban sus vaquitas detrás de la casa. De ahí el tigre las sacaba.
Éste era un Suquia viceíta. Él no había sido bautizado. Andaba vestido con una camisa larga, hecha de corteza del árbol llamado mastate, la cual también usaban los borucas.
A quien no le entregaba sus reses, les hacía aquel daño.
Los borucas tenían perros buenos para acosar los tigres. Había muchos entonces. Pero para el tigre de aquel Suquia, no había perro bueno.
Alrededor de Boruca corrían los perros y la gente tras sus huellas. Los perros corrían mucho y se cansaban. Allá lejos se ponían a ladrar. Cuando sus dueños llegaban a aquel lugar, los perros le estaban ladrando a una gran piedra. Entonces llamaaban a sus perros y se iban.
Para saber qué era aquello, al otro día iban a ver la piedra. Llegaban y la piedra había desaparecido.
Esto no sucedió una sola vez. Cada vez que llegaban suquias a Boruca se conducían de la manera dicha.
Esto sucedió así. Quien lo cuenta apenas tenía 18 años entonces y ahora tiene 70.
Narrado por Espíritu Maroto.
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